Miércoles, 08 Octubre 2014 00:00

Un, dos... prejuicios. (por Luis Carbajal)

Valora este artículo
(2 votos)

Cabecera del cuento Un, dos... prejuicio.

Jorge fue seleccionado entre los tres finalistas para un puesto de la multinacional Odix S.A, empresa dedicada a la importación y venta de equipos electrónicos.

Su esfuerzo y el empuje de su familia para que terminara la tecnicatura en la ORT, parecía que podía tener un final feliz; aquel llamado aparecido en los avisos clasificados dos meses atrás parecía hecho de medida para el estudio que recién había finalizado.

Muchacho de barrio, sintió la contradicción de la placita y las cervezas con amigos de algunas tardes, frente a la presión de trabajar con su padre y de terminar esa formación técnica que según decía su viejo “es de futuro seguro”. De todas formas había combinado una vida de trabajos algo distendida en el taxiflet de su padre y los estudios que lograba atender en sus horas de espera entre viaje y viaje.

A sus veintidós años la una oportunidad que se le estaba por dar. Solo tres finalistas para un puesto que jamás había soñado aquel joven que tenía en su inclinación por la música y su obsesión por la guitarra su única distracción junto con un grupo de amigos con los cuales se reunía a cantar dos o tres veces por semana.

Su madre, algo preocupada porque aún "no le había presentado ninguna chiquilina", pero Jorge era muy reservado, ni siquiera a su padre, con el que compartía horas de camioneta le soltaba prenda en sus conversaciones.

Era un muchacho retraído, que aunque no tenía dificultades para relacionarse, le gustaba mas escuchar que hablar, su interés por la música lo llevaba a prestar especial atención a los arreglos que las distintas melodías que escuchaba en la radio en aquella vieja Chevrolet de carga en la que trabajaba junto a su padre.

Un día mientras esperaba medio adormilado a que les asignaran un viaje de taxiflet, sonó su celular, lo llamaban de la empresa para comunicarle que había sido elegido para el puesto y que debía presentarse el próximo lunes a las nueve de la mañana formalmente vestido, de saco y corbata, en Odix S.A, en Av. Del Libertador y Galicia, segundo piso.

Fueron varias semanas de mucha atención; un curso rápido de conocimiento de la línea de productos, técnicas de venta y la toma de contacto con sus más de 50 nuevos compañeros de trabajo, quienes comenzaban a mirarlo con desconfianza, nadie había logrado sacarle nada de su vida privada. La telefonista, una linda muchacha que él saludaba cada vez que entraba a la empresa, lo miraba con indiferencia.

Las reuniones con el equipo de venta, las que se realizaban los días miércoles después de las 18 hs. y duraban hasta las 19,30 hs. aproximadamente, cosa que lo estresaba notoriamente, ya que era un día en el que tenía una cita ineludible, casi a esa misma hora, y para la cual llegaba con un bolso que aseguraba en el locker que le habían asignado.

La rutina se repetía cada miércoles, hasta que un día, por descuido, dejó su casillero abierto, a lo que uno de sus compañeros queriendo saber algo más de "el nuevo” descubrió con sorpresa algunas prendas de coloridas lentejuelas, y un set de maquillaje.

La noticia corrió mas que rápido entre por lo menos una treintena de funcionarios y la cita de los días miércoles de Jorge pasó a ser "la gran incógnita".

Como todo lugar de trabajo donde funcionan "las barras", dos compañeros se las arreglaron para seguirlo y poder confirmar la especulación que se corría sobre “el nuevo". De un ómnibus de la línea 115 que había tomado, se bajó en las inmediaciones de la terminal de Tres Cruces.

Con pasos rápidos vieron a Jorge entrar en una vieja casa con revestimientos, puertas y ventanas ya deterioradas, pegado un gimnasio en la calle Goes, en la cual, junto a un espejo, se pintó la cara con su set de maquillaje, tras lo cual sacó de su bolso una especie de capa azul brillante que se puso sobre los hombros.

Como no había cerrado bien la puerta, sus curiosos compañeros lograron ver toda la escena que se volvía cada vez mas intrigante.

Terminada su transformación Jorge caminó por un corredor largo y oscuro que daba a un amplio patio cerrado, allí, los oídos de ambos sabuesos fueron estremecidos dos platillos, un bombo y un redoblante que comenzaron a sonar cuando una voz de mando pronunció:

- Dale Jorge!! Ahora contigo vamos todos juntos de vuelta!!: 

“Un saludo al barrio en esta nocheee!…” vamo tré!

El lunes siguiente cuando volvió Jorge a la rutina de la semana, saludó tímidamente a la telefonista con un movimiento de cabeza y un imperceptible "buenos días", a lo cual la chica contestó con un "Hola Jorge, buenos días" - pero esta vez no lo cortó con su mirada indiferente.

 


 

Luis CarbajalAutor: Luis Carbajal

Un, dos... prejuicio.

Buscando no solamente entretener, sino también despertar la reflexión en sus lectores, el cuento toma al carnaval uruguayo como base para tratar, de manera amena, uno de los componentes presentes en el carácter del ser humano: los prejuicios.
Plácido Luna.

Visto 772 veces Modificado por última vez en Miércoles, 08 Octubre 2014 16:31